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Alasdair Barr esta vez visitó Pereira, Medellín y Cali, además de Bogotá


Siempre quiso volver. Por ello, cuando nuevamente la Royal and Ancient Golf Club of St. Andrews le planteó la posibilidad de retornar a nuestro país, no lo dudó ni un instante. Pese al agobiante calendario de viajes, en el que fácilmente puede encadenar seis o siete semanas fuera de casa, el escocés Aladair Barr volvió a atravesar el Atlántico, desde su apacible hogar en las afueras de Londres, para visitar por segunda ocasión en menos de un año nuestro país, como parte del programa de acompañamiento a los métodos de enseñanza que realiza el ente rector mundial.

Barr, que anteriormente había estado únicamente en la ciudad de Bogotá, esta vez amplió sus horizontes y pasó por ciudades como Pereira, Medellín y Cali, antes de concluir su periplo en las instalaciones de la Fedegolf, en una maratón que lejos de cansarlo, pese a venir de un arduo trabajo del vecino Ecuador, disfrutó al máximo. “Lo mejor de todo esto es que siempre hay posibilidades de conocer algo más. Esta vez estuve en nuevas ciudades y con nuevas personas, lo que me deja muy emocionado porque una de las cosas que más amo de mi trabajo es que me ha permitido llegar a sitios inimaginables”, afirmó el británico, que destacó el trabajo que se viene realizando en nuestro país.

Barr, de 64 años, cumplió con una apretada agenda, al iniciar su contacto con los profesionales del Club Manizales, CC Armenia, CC Ibagué y el CC Pereira en el campo de este último establecimiento. Luego, se dirigió al Club Campestre de Cali para dar sus valiosos ‘tips’ de enseñanza a los interesados en los clubes de la ‘Sultana del Valle’ (Farallones, Shalom, Los Andes y el CC Cali), así como el CC Popayán. Finalmente, se embarcó hacia suelo paisa, a la sede Llanogrande de El Rodeo, en donde asistieron también los ‘profes’ del CC Medellín.

En cada visita, repitió lo mismo: “Yo no vengo a enseñarles de técnica de golf. Vengo a enseñarles cómo enseñar”, les dijo a los instructores con los que tuvo la fortuna de encontrarse a su paso por el país. “Mi misión es fácil de entender pero bien difícil de ejecutar: es, básicamente, dar todo lo que esté a mi alcance para promover la práctica del golf”, sentenció nuevamente, tal como lo había hecho el año anterior cuando estuvo por primera vez en nuestro país.

Tras conocer un poco más de nuestra cultura golfística, Barr focalizó su trabajo en la recta final en Bogotá, primero con un par de intensos días con el equipo de trabajo del Campo de Práctica de la Federación Colombiana de Golf y posteriormente, con un contacto cercano con otro grupo de profesionales de distintos clubes bogotanos. Las arduas jornadas, pese al cansancio, dejaron positivas enseñanzas entre los asistentes, al permitirles entrar en contacto con Barr, con sus métodos y con sus valiosos conceptos. Más positivo aún, hubo mucho más participación de profesionales que de otro modo, de realizar una actividad únicamente en Bogotá, no hubiera podido asistir, cumpliendo con cortos desplazamientos a ciudades o clubes cercanos.

Lógicamente, Barr quedó comprometido con una próxima visita. “Ha sido un año largo, pero provechoso. Quiero volver el próximo año y muy seguramente voy a hacerlo porque Colombia se ha convertido en otro destino para mí”, puntualizó.


Fotos: Mónica Tamayo
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