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Germán Leóngómez rodeado de algunos de sus amigos, entre ellos el presidente de la Fedegolf, Lázaro Pérez, en el homenaje que el ente rector le rindiera hace un par de años

Falleció en el exterior el querido Germán Leongómez, uno de los personas más importantes del golf nacional entre los años 60 y 80 y gran 'responsable' de la creación de gestas tan importantes como la desaparecida 'Gira del Caribe', entre otras. Como se recuerda, un par de años atrás, la Fedegolf le rindió un sentido homenaje, en el que el querido Germán recordó varias anécdotas de su vida y de sus gestas golfísticas. La siguiente es la semblanza de este importante personaje del golf nacional:


Hablar de Germán Leóngómez es, sin duda, hablar de la historia misma del golf colombiano. De su mano, nuestro querido golf alcanzó niveles insospechados para una sociedad en la que nuestro deporte apenas si era visto como una actividad poco atractiva y restringida para unos pocos. En unos años en los que Colombia apenas se recuperaba de un par de décadas difíciles, inestables y sombrías a nivel político y social, Leóngómez se embarcó en una hasta ese momento imposible empresa, traer a nuestro país la marca del PGA Tour estadounidense, circuito que en ese momento ya era la élite del golf mundial.

 

Soñador, le dijeron algunos; testarudo, lo calificaron otros, y adalid de causas imposibles, lo bautizaron los demás, seguros que no conseguiría el objetivo. Sin embargo, con tesón, gran visión y, sobretodo, arduo trabajo, Germán se salió con la suya. Con su gran amigo Charles Smith instauró en Bogotá, entre los años de 1964 y 1974 en el mes de febrero, una de las paradas de la Gira del Caribe, circuito de competencias patrocinadas por el máximo circuito estadounidense y que permitió poner a nuestro país en el mapa golfístico del planeta. Indudablemente, fue él con estas iniciativas el pionero del gran auge que en la actualidad se percibe dentro y fuera de nuestro país con respecto al golf.

 

De su mano, el naciente público bogotano y nacional de la época, ávido de figuras y de emociones, tuvo la oportunidad de disfrutar de la magia de jugadores legendarios, como el argentino Roberto De Vicenzo y los estadounidenses Sam Snead y Deane Berman, este último gestor un par de décadas después de lo que en la actualidad se conoce como el Nationwide Tour estadounidense.

 

Nacido en la ciudad de Bogotá el 13 de diciembre de 1931, Leóngómez, curiosamente, llegó tarde al golf, de la mano de otro de sus amigos, Ricardo Mejía, que lo apartó de otra de sus pasiones, la natación, para unirlo con el deporte que le traería sus más grandes satisfacciones. Apenas cuando tenía 14 años, se dejó seducir por el deporte de los tacos y los ‘greenes’, de los ‘birdies’ y los ‘bogeys’. Tras vivir algunos años en la ciudad de Washington, en 1941 pisó por primera vez los verdes prados del club Los Lagartos, su segundo hogar como él mismo lo calificaría años después. Su primer profesor fue el argentino Guillermo Felice, el primer campeón del Abierto de Colombia en 1945. Comenzó como cualquier golfista, con hándicap 36 según recuerda y poco a poco, su juego fue mejorando. Alcanzó a ser hándicap 2 y ganó, entre otros reconocimientos, el título del desaparecido Campeonato Nacional a 4 Bolas al lado de Arturo Martínez, además de ser finalista de la ‘Copa Donovan’ en 1966 en el CC Pereira.

 

Desde sus comienzos, Germán tenía claro que su compromiso con el golf no se limitaría solo a rondas de juego con sus ‘partners’, personas con las que, dicho sea de paso, forjó una amistad que perdura con el paso de los años. No. Lo suyo iba más allá y por eso, por allá en 1953, se enfrascó en su primera ‘locura’: con Mejía, se empecinó en traer a nuestro país para una exhibición a la uruguaya Fay Crocker (primera jugadora no estadounidense en ganar un ‘Major’ femenino) y la estadounidense Marilyn Smith, una de las 13 fundadoras del LPGA Tour. La actividad, como él mismo la calificó, fue “Todo un ‘hit’” y, sin saberlo, sentó las bases para lo que sería una década después su gran obra para el golf colombiano. Fue así como, impulsado por Smith y otros personajes como Boris Sokoloff, empezó a forjar en su mente la idea de no solo organizar actividades esporádicas, sino consolidar a Colombia como parte del golf mundial.

Germán Leóngómez

 

Así nació en nuestro país la Gira del Caribe, iniciativa que consistía en una serie de cinco competencias en los primeros meses del año en campos en Caracas y Maracaibo, en Jamaica y en Panamá, entre otros. Precisamente, en 1963 la isla jamaiquina postergó su torneo y fue allí en donde Leóngómez vio la oportunidad de entrar a formar parte de este circuito. Con no pocos obstáculos por superar, Germán y sus colaboradores se trazaron como horizonte el traer para Bogotá, al campo ‘David Gutiérrez’ de Los Lagartos, esta publicitada Gira del Caribe.

 

La labor era titánica. Leóngómez, Sokoloff y Smith se iban para La Florida durante los últimos meses del año, a los torneos del PGA Tour, y contactaban directamente a los jugadores más destacados para que vinieran a formar parte de esta Gira del Caribe. La natural prevención del PGA Tour hizo que a nuestro país solo se le permitiera, en principio, formar parte del circuito por un año. Sin embargo, el éxito no se hizo esperar y al final, Colombia terminó quedándose en la gira por 11 temporadas y como uno de los países de mayor permanencia. Era tal la fe ciega que este proyecto funcionaría, que tanto Germán como Smith arriesgaron sus patrimonios y pusieron todos sus recursos en función de esta empresa. El club Los Lagartos recibiría parte de las ganancias de estos torneos, pero las pérdidas serían asumidas por ellos.

 

Fiel a su estilo, terco y obstinado, don Germán se propuso traer solo a los mejores. Y lo cumplió. A Colombia vinieron los grandes jugadores del mundo en su momento cumbre, algo así como si en este momento aterrizaran en Bogotá figuras como Tiger Woods, Phil Mickelson o Martin Kaymer. Por ejemplo, el primer campeón en Bogotá en 1964 fue el estadounidense Art Wall Jr., ‘Jugador del Año’ del PGA Tour en 1959, integrante del equipo estadounidense en cuatro Copas Ryder y, por si fuera poco, campeón del Masters también en 1959. Pero fue el argentino Roberto De Vicenzo el jugador que más realce le dio a esta serie, con cuatro triunfos en apenas diez años en nuestro país.

 

El gaucho, considerado como uno de los mejores de la historia, ganó sus dos primeras coronas en Los Lagartos en 1965 y 1966. En 1967 estuvo ausente y regresó en 1968, ya como campeón vigente del British Open (1967) y a pocas semanas de su recordado segundo lugar en el Masters tras firmar un golpe más en su ‘score’. De Vicenzo volvería a ganar en 1969 su cuarta y última corona en nuestro país.

 

Anécdotas de esos años hay por montones. En la edición de 1968, Leóngómez recibió una llamada del apoderado del estadounidense Lee Trevino, solicitando un cupo para su pupilo. Por supuesto, don Germán le respondió que no habría problema y que lo esperaba con los brazos abiertos en Bogotá. Trevino se estaba dando apenas a conocer y dijo que planeaba viajar de Dallas a Panamá, en automóvil. Llegó a Ciudad de Panamá a las 3:00 a.m. de un miércoles y a las 8.30 a.m. jugó el torneo Pro-Am. Luego, vendió el carro en Panamá para poder viajar a Bogotá, donde quedó sexto. En junio, Trevino se quedaba con el primero de sus dos títulos del U.S. Open.

Pero no solo venían las grandes figuras. Los aficionados de la época tuvieron el privilegio de observar en vivo y en directo a leyendas como el mítico Snead (ganador de siete ‘Majors’ en su carrera) y Billy Casper, el séptimo jugador en ganancias en la historia del PGA Tour, con tres ‘Majors’ a cuestas.

 

El gran éxito de la Gira del Caribe siguió en alza, pero el incremento de los costos y el aumento de los premios en Estados Unidos cortaron de raíz la traída de grandes figuras. Competir con torneos de un millón de dólares en las condiciones de ese momento se convirtió en una carga insoportable y las estrellas desaparecieron de los ‘links’ colombianos. Sin embargo, la semilla estaba plantada. El referente de la gira quedó no solo en el colectivo golfístico colombiano sino latinoamericano y años después, esta gira fue el punto de partida de lo que en la actualidad se conoce como el Tour de las Américas.

 

Don Germán siguió entonces vinculado a su amado golf y alternó su vida profesional en el mundo de los hidrocarburos, con su pasión por este deporte. A mediados de la década de los años 80, por problemas de salud, abandonó la ciudad de Bogotá y en sus últimos años alternó su residencia entre Estados Unidos y Cartagena, lugares en los que siguió hasta último momento prendido de la ‘fiebre’ que un día le transmitió el ‘bichito del golf’. Su legado seguirá vivo en la memoria de los aficionados que tuvieron la fortuna de seguir la Gira del Caribe, muchos de los cuales en la actualidad han logrado seguir sus pasos como promotores del golf y de Colombia en el mundo.


Leóngómez recibió una placa conmemorativa en la cena ofrecida en el Club de Pesca en Cartagena en aquella ocasión



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