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Sucedió en el II Torneo Master Profesional del 2006 en el Club Los Lagartos de Bogotá. El colombiano Camilo Villegas, ya con carné del PGA Tour, se había comprometido a jugar al menos un torneo del calendario nacional, y lo cumplió en diciembre de 2006, además con una sonora y contundente victoria en el campo David Gutiérrez, el antiguo.

Revisando nuestros archivos históricos, hallamos esta perla: en video quedó grabada esa última demostración de maestría de Villegas en nuestro país, en una producción impecable de nuestros colegas de City TV y narrada por los bien conocidos Germán Calle y Germán Calle Jr, quienes comentaban los torneos de golf en ese canal por aquellas épocas. Con ocasión de su regreso competitivo al país esta semana en el Country Club de Bogotá, decidimos publicarlo. Disfrute de este documento fílmico invaluable en dos partes:

Por supuesto, la revista Abierto de Golf también realizó un relato pormenorizado del triunfo de Villegas en Los Lagartos, en su edición 69. Léala a continuación:

Camilo Villegas: genio y figura

El comentario generalizado de los aficionados del país, al concluir el II Torneo Máster Profesional de Golf ‘Copa Autoniza’ en el campo ‘David Gutiérrez’ del club Los Lagartos, era que Camilo Villegas había dado una contundente lección. La gente se refería específicamente a los 15 golpes de ventaja que el astro colombiano le tomó al cartagenero Jorge Benedetti, su más cercano rival, pero la verdad la lección, más que en el campo de juego, Villegas la brindó fuera de él.

Para quienes apenas se suben al bus de la ‘Villegasmanía’, este es un hecho sorpresivo; sin embargo, para quienes hemos seguido su trayectoria desde antes de enrolarse en las filas de la Universidad de Florida es, apenas, el fruto natural de un proceso programado con el detalle y el perfeccionismo que caracterizan a este golfista de 24 años. Desde que a los 8 años se presentó en el campo del Club Campestre de Ibagué para disputar el Campeonato Nacional Infantil, a Camilo Villegas le resultó imposible pasar inadvertido. Por su nivel de juego, evidentemente superior al de sus contemporáneos; por su arrolladora personalidad y carisma, que lo convirtieron en centro de atención desde niño; porque siempre estuvo rodeado de polémicas (de niño, lo tildaban de cascarrabias y antipático), porque siempre se salió con la suya.

Es cierto, Camilo fue implacable a lo largo de los 72 hoyos disputados, durante los cuales cometió muy pocos errores y, más bien, deleitó a los aficionados que masivamente lo acompañaron en cada una de las jornadas; dio un concierto de golpes de gran calidad (incluidos, obvio, sus ‘bombazos’) y, fiel a su premisa, se divirtió. En términos golfísticos, toda una lección, de la A a la Z. Sin embargo, hay que recalcar que la enseñanza más valiosa fue la que brindó sin un palo de golf en las manos; en otras palabras, la de un profesional a carta cabal, en toda la extensión de la palabra.

Profesional a la hora de atender a los periodistas, a la hora de firmarles autógrafos a los niños, a la hora de tomarse una fotografía con sus fans, a la hora de marcar el campo con su ‘caddie’, a la hora de ir a calentar en el campo de práctica, a la hora de corresponderles a sus patrocinadores, a la hora de brindarse pleno para que la fiesta resultara un éxito. Nada lo hizo por cumplir, sino, por el contrario, con toda la convicción del caso, consciente de su responsabilidad. En cada una de las labores que desarrolló en la semana que estuvo en el país se entregó al ciento por ciento, sin guardarse algo para él.

“Lo más importante no es que haya ganado el torneo, sino que todo lo que ocurrió esta semana contribuya para que el golf en Colombia deje de ser un deporte tan pequeño”, les dijo a los periodistas en la rueda de prensa posterior a su triunfo. Más que con Juan Pablo Montoya, con quien la prensa deportiva se empecina en compararlo, a Camilo Villegas hay que verlo como un fenómeno social de las características de Juanes o Shakira. No solo porque es, de lejos, el mejor del país en su actividad y uno de los jóvenes con mayor proyección internacional en el mundo; también, y de manera muy especial, por su compromiso social, por su sincero interés en que el golf, que tanto le ha brindado, el día de mañana sea popular, masivo.

A diferencia de otros jugadores, Villegas exhibe una genuina preocupación por retribuirle a su deporte, a su país, a sus aficionados, algo de lo que ellos le han dado. No es solo cuestión de obtener victorias y acumular dinero, de enriquecer una hoja de vida y creerse una estrella. En eso, especialmente en eso, Villegas dio otra lección en su visita: derrochó sencillez, alegría, paciencia, amabilidad. Lejos del estereotipo en el que algunos lo quieren encasillar, nunca posó de figurita, jamás tuvo un desplante con el público o los periodistas y, más bien, hasta se preocupó porque los aficionados respetaran a sus compañeros y contendores tanto o más que a él.

“Quiero hacer vibrar al país”, les dijo a los periodistas en una rueda de prensa en Bogotá, a finales de 2005, ya con el carné del PGA Tour en el bolsillo. Ese, que siempre ha sido su sueño, se quedó corto en menos de 12 meses. Sí, es cierto, nos hizo vibrar al borde del delirio a los aficionados al golf, puso al país entero a hablar de golf y provocó una gran conmoción en el PGA Tour. Pero, llegó más allá: “ese es el futuro del golf, los que el día de mañana nos van a reemplazar”, dijo el astro Tiger Woods luego de ganar el Ford Championship at Doral, en Miami, un torneo en el que Villegas fue segundo.

Y el país entero vibró. Por unos días, según el sueño de Camilo Villegas, el golf fue la noticia deportiva positiva en Colombia. En esos días, se habló de golf tanto o más que en los últimos años, quizás como nunca antes. A los periodistas les tocó hacer un curso acelerado de ‘golf básico’ para enfrentarse al nuevo ídolo del deporte nacional. Fue una masiva movilización (de periodistas, aficionados, dirigentes, patrocinadores) alrededor de una figura que encarna el ideal de perfección que todos quisiéramos alcanzar.

Sabemos que será muy difícil volver a ver a Camilo Villegas jugando en Colombia, porque su destino está más allá de nuestras fronteras, brillando allá en esa lujosa constelación del PGA Tour. Pero, gracias a su magia, a que se ha convertido en una especie de Rey Midas que todo lo que toca lo convierte en éxito, a que le está quitando al golf esa vieja imagen acartonada y elitista, se viene algo grande, grande de verdad...

¿Soberbia lección de golf!

En una clara y contundente muestra de jerarquía, y de inmensa superioridad sobre el ‘field’, el astro Camilo Villegas alcanzó el primer título de su trayectoria profesional en Colombia. Una tarjeta de 67 golpes (-3), para un acumulado de 264 (-16), le bastó para consagrarse como el mejor del II Torneo Máster Profesional de Golf ‘Copa Autoniza’. Villegas, uno de los novatos más destacados en la temporada 2006 en el PGA Tour, partió para la cuarta y última jornada en el campo ‘David Gutiérrez’ del club Los Lagartos con 10 impactos de ventaja sobre el cartagenero Jorge Benedetti. Su victoria nunca estuvo en riesgo y, por el contrario, a lo largo de los 18 hoyos dominicales, con cientos de aficionados como testigos de excepción, no hizo otra cosa que confirmarse como el mejor.

Un duro contraste fue el que se contempló durante los 72 hoyos disputados. Mientras el resto de participantes sufría para descubrir el acertijo propuesto por el campo, Villegas transitaba por él como si se tratara de un juego de niños. Fue el único jugador que logró ‘scores’ bajo par en cada una de las rondas, el que firmó las mejores tarjetas de cada día, el único que estuvo en lo más alto de la tabla de posiciones. Una victoria que no solo se esperaba, que estaba ajustada a la lógica, sino que se logró de manera contundente, diáfana.

La calidad golfística de Camilo Villegas nunca ha estado en duda, al menos entre quienes saben algo de golf y han seguido de cerca su trayectoria como aficionado, primero, y como profesional, después. Por eso, las cifras anotadas, el amplio margen de su victoria, el triunfo en sí, formaban parte del libreto preestablecido. El valor agregado, el plus, fue el concierto de profesionalismo que brindó desde el martes previo, cuando llegó a Los Lagartos para cumplir con la ronda de práctica. “Vengo a divertirme”, expresó ese día, en la primera rueda de prensa de la semana. Lo hizo, pero no se quedó ahí. Se divirtió él, y de lo lindo, y divirtió a los cientos de aficionados que tuvieron el privilegio de observarlo en la práctica, en el Pro-Am y en los cuatro días de juego oficiales. Fue, sin duda, el mejor espectáculo golfístico vivido en el país en mucho tiempo, una lección que nadie olvidará y que, ojalá, contribuya a engrandecer el deporte del golf en Colombia.

A Villegas hay que agradecerle no solo que cumplió su vieja promesa de venir a jugar en el país. Hay que agradecerle, sobre todo, la paciencia y la gentileza con que atendió a todos los medios de comunicación, inclusive a aquellos que no supieron entender su profesionalismo. Hay que agradecerle el carisma, el cariño que le brindó al público en general, y a los niños especialmente. Hay que agradecerle la paciencia en el campo, cuando la gente se movió, cuando habló, cuando tomó fotos en momentos inadecuados, cuando no respetó a sus compañeros de juego. Hay que agradecerle, en fin, que se mostró como un fuera de serie, no solo en el campo, sino, y de manera muy significativa, fuera de él.

A diferencia de otros, que han recibido mucho del golf y del público, Camilo Villegas se preocupa por retribuirle, a uno y otro, algo de lo que le brindaron. A través del golf, Camilo Villegas pudo mostrarle al mundo el gran talento con que la naturaleza lo dotó. Desde niño, gracias a este deporte, se mostró como alguien muy especial, destino a ser el protagonismo de grandes hechos; y no ha sido inferior al compromiso. A la afición nacional, que desde tiempo atrás le sigue con atención, lo apoya y lo alienta, no la olvida ni la descuida. “Espero que todo esto sirva para que el golf, que es un deporte pequeño en Colombia, crezca y sea más grande”, dijo en el transcurso de la semana.

Nunca antes, al menos en los últimos 15 años, se había hablando tanto y tan bien de golf en Colombia como esta semana. El imán de Camilo Villegas provocó una inusual atención por parte de los medios de comunicación, una revolución en la comunidad golfística nacional. Chicos y grandes, hombres y mujeres, golfistas y no aficionados se vieron salpicados de alguna manera por esa marea informativa sin precedentes. Y, como si se tratara de una fábula, la historia tuvo final feliz.

El segundo lugar, en muy positiva actuación, fue para el cartagenero Jorge Benedetti. El jugador que actuó este año en el circuito alterno europeo se distinguió desde el principio como el único capaz de hacerle algo de sombra a Villegas. Lo hizo a la distancia, sin poder seguir la estela, pero con sobrados méritos. Terminó con una tarjeta de 72 impactos (+2) y un acumulado de 279 (-1), la segunda y última cifra bajo par del torneo. Tercero, en la mejor actuación de su carrera, por el nivel del torneo, fue Jesús Rivas, del Carmel. Este morocho, que hace rato anda en procura de su primera victoria profesional, concluyó con un sensacional ‘putt’ para ‘birdie’ en el hoyo 18, que fue premiado por el público con una sonoro aplauso. Un 70 (par cancha) le permitió ascender y convertirse en el más destacado de los jugadores del ámbito nacional. Cuarto, también en su mejor producción, fue el antioqueño Óscar David Álvarez. ‘El Mono’ firmó un muy buen 68 (-2) final para contabilizar 285 (+1). Fue la primera vez que pasó el corte, en muestra de que, poco a poco, adquiere la tranquilidad necesaria para darle rienda suelta a su inmenso talento.

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