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El campo del Congressional Golf Club, la sede esta semana del U.S. Open
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Por fin, la semana de millones de aficionados al golf alrededor del planeta estaban esperando ha llegado. Es la semana del U.S. Open, el segundo ‘Major’ de la temporada y que paraliza al mundo del golf por los siguientes seis días, al final de los cuales se coronará el nuevo monarca en el país con la mayor cantidad de practicantes de nuestra disciplina. Como es costumbre, antes de que se de el primer golpe, todas las miradas están puestas en los pronósticos, las apuestas y las esperanzas. Y gran parte de esa atención la captura el campo, uno muy especial en 2011 y que de entrada dará mucho de qué hablar.
Se trata del campo del Congressional Golf Club, el campo de juego de los presidentes y políticos en Estados Unidos y que esta semana se ha vestido con sus mejores galas, y ha afilado todas sus herramientas, para convertirse en la prueba reina del golf estadounidense. Michael Giuffre, el director de mantenimiento de campos de golf del campo azul del Congressional Country Club fue el hombre encargado de dejar listo hasta el más mínimo detalle, siembre bajo la batuta de la United States Golf Association (USGA), los organizadores del torneo.
Giuffre cuenta con una vasta experiencia en la organización de torneos de gran envergadura, con cerca de 15 competencias organizadas hasta la fecha. La última vez que este campo tuvo en sus ‘fairways’ al U.S. Open, en 1997, el vencedor fue el surafricano Ernie Els. Según las instrucciones del ente rector del golf en Estados Unidos y México, el campo del Congressional está listo, firme y muy seco. “Ha hecho un poco más de calor en estos últimos meses”, comenzó diciendo Giuffre, que está junto con su equipo de colaboradores regando los ‘greenes’ en ‘bentgrass’ con mangueras para mantener la cantidad exacta de humedad que se requiere para llegar a las velocidades estipuladas por la Usga. “El campo en general está muy bien y está listo con las especificaciones que requiere la Usga. La superficie de los ‘greenes’ está dura pero justa, como se necesita”, comentó.
Giuffre es un miembro desde hace 26 años de la Asociación de Superintendentes de Golf de Estados Unidos y ha estado en el campo del Congressional durante los últimos 12 años. En sus estudios aparece un grado de gestión de césped de la Universidad de Penn State. Este U.S. Open de 2011 será el decimosexto gran torneo que organice Giuffre, que ha estado presente en competencias que se remontan a 1986 y 1987, en el BC Open y como encargado del campo del EnJoie Golf Club en Endicott (Nueva York). Además, ha sido responsable de los ‘setups’ del campo en citas como el AT&T National y el Booz Allen Classic, el Kemper Open en el TPC Avenel y el Senior Players Championship del Champions Tour en el TPC of Michigan TPC.
“Hay miles de personas involucradas en conducir un torneo de este calibre”, comentó a su turno el director ejecutivo de la Usga, Mike Davis. “Y a lo mejor una de las personas fundamentales en todo este proceso es el superintendente del campo. Su experiencia es invaluable para dar con el punto que se quiere tanto en la Usga como entre los jugadores”, anotó.
“Mike y su equipo han hecho un gran trabajo con toda la organización, con todas las cosas que se necesitan para tener un campo así. Se requieren años de preparación y meses de trabajo constante. Al final, solo la Madre Naturaleza podría echar por la borda todo este trabajo”, siguió Davis.
Los 19 ‘greenes’ en ‘Poa’ (incluyendo el de práctica), fueron reemplazados en 2009 con césped de la referencia ‘Bentgrass’ A-1/A-4 y aprovechando dicha remodelación se instalaron los sistemas de aireación Subair, sistemas de eliminación de la humedad del suelo y componentes de medición de humedad debajo de cada uno. Usando la tecnología de mapeo por GPS, cada ‘green’ fue reconstruido con sus contornos originales, con excepción de un par de hoyos en los que se conservaron las características actuales y se incrementaron los lugares en los que posiblemente se puedan ubicar las banderas. Tras dos años de crecimiento, los ‘greenes’ de ‘bentgrass’ están en su punto, rápidos y firmes.
“Estos ‘greenes’ en realidad son bastante complejos y requieren de una precisión especial para llegar al cuadrante exacto en el que está ubicada la bandera. Si en el ‘approach’ se falla por algún lado, la recuperación es casi imposible. Pero asimismo, un buen tiro tiene una gran recompensa”, manifestó Giuffre.
Como es costumbre ya desde hace más de cinco años, la Usga presentará un ‘rough’ gradual, que busca penalizar más a los tiros que alejen más del ‘fairway’, con la filosofía de mayor rigor entre más lejos de caiga. El primer corte está a un promedio de 18 a 20 pies de ancho y de 3,3 a 4 pulgadas de alto, dependiendo del hoyo. El segundo corte del ‘rough’ va desde los 18 hasta 20 pies más lejos del ‘fairway’ y tiene de 4 a 5 pulgadas de alto. “Hemos cambiado un par de ‘tees’ para agregar mayor longitud y en algunos casos estos cambios han favorecido a los jugadores porque quedaron con un par de tiros más asequibles, más en línea recta con los ‘fairways’”, confesó.
El personal de Giuffre para este U.S. Open fue de 55 personas, incluyendo a David Hutchinson, otra de las personas de mayor experiencia en este campo. Durante la competencia, serán 120 los encargados de monitorear los ‘greenes’, los ‘fairways’ y hasta el más mínimo detalle. El ‘Blue Course’ del Congressional ha sido la sede de este U.S. Open en las ediciones de 1964 y 1997, así como del U.S. Amateur de 1949, el U.S. Women’s Amateur de 1959, el PGA Championship de 1976, el Kemper Open de 1980 a 1986, el Senior Open de 1995 y el Booz Allen Classic de 2005. Más recientemente, fue la sede de tres ediciones (2007-2009) del AT&T National.
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